7.1.13

Francisco de La Torre

le vino el mal, y lleva
en el costado el dardo.
Este callado fuego,
que va cundiendo el alma,
ha cobrado las fuerzas
que le han dado los ojos.
Y ellos, cobrado espíritu
de la ocasión del daño,
alimentan la llama
por donde menos temen.
Y esquivando su lumbre
de la del cielo mismo,
descaydos y flacos,
su perdición procuran.
¡Ay de los sin ventura,
fácilmente entregados
al enemigo duro
con doble y falso trato!
Las lágrimas ardientes
y el mal contento espíritu
inquietan los sentidos
suspensos y admirados.
No saben lo que quieren,
ni quieren lo que entienden,
que como en sí no viven,
con confusión desean.
Y si con llanto eterno
pudiesen mitigarse
tormento tan tan terrible,
siempre se lloraría.
Pero ninguna cosa
mitiga su accidente,
o llore de contino
o nunca el alma llore.

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